18 febrero, 2011

ARCO

Equipo contra incendios. No bloquear.
Ayer estuve en Arco. Me gusta ir, voy casi cada año. Suelo ir solo, para degustar egoistamente todo cuanto me ofrece. Me gusta mirar y dejar que todo cuanto lo conforma me diga. Y sonrío, disfruto, me canso, me interrogo, me emociono, me distancio, me mosqueo, me pierdo y me encuentro con conocidos a los que, después de los saludos y los abrazos, dejo en paz.
Ayer también me desorienté, primero con las propuestas artísticas, tan profesionales ellas, tan decorativas, tan poco originales: muchas simplemente reproducen, eso sí, grandes, muy grandes. Luego perdí el norte; siempre me propongo organizar la visita con un metodo concreto para no dejarme nada, pero ayer, simplemente me perdí y di por bueno perderme. Y no me perdí nada.

Antes, por la mañana, me encontré con la gran comitiva: príncipes y princesas, ministras, alcaldes, directores generales de la cosa y la casa, prohombre y mujeres de distintas administraciones y fundaciones varias, coleccionistas, galeristas, artistas de primera fila un poco por detras, servicio de orden, un amplio servicio de orden que empujaban al personal para que todo estuviese en orden y ordenado.
Pensé que quizá todo fuera una intervención artística, un hapening, una performen. En ese caso, con esos actores, el precio de tanta contratación debió ser altísimo.
Cosas del mercado.

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